Como ya sabemos el ingeniero
industrial debe ser una persona dinámica capaz de desarrollarse y actuar de
manera eficaz en el entorno de una empresa, tanto en el campo organizacional
como en el ambiental. Lo que hace el pensamiento sistémico es funcionar como un
mapa, una herramienta que es capaz de guiar al ingeniero a desenvolverse y
poder aplicar sus conocimientos en los ambientes cambiantes y desconocidos que
explora constantemente. Para ello, el pensamiento sistémico provee de 4
“pilares” o “columnas” al ingeniero, los cuales le dan una serie de
“recomendaciones” para ayudar a mejorar el funcionamiento de la empresa. Estos
pilares son el constructivismo, la hermenéutica, la cibernauta y el pensamiento
complejo.
El constructivismo ayuda al
ingeniero a formarse una interpretación de la realidad, llegando al punto en
que el ingeniero pueda construir su propia realidad siendo así necesario que se
evolucione desde un enfoque mecanicista, donde todo gira alrededor de las
máquinas que estructuran procesos y forman la ciencia clásica de causa-efecto;
pasando por un enfoque relativista que le otorga al ingeniero industrial el
“poder del observador” para observar el comportamiento de la planta desde
distintos puntos de vista, en especial desde el punto de vista de los
trabajadores, es decir, desde el piso para llegar a establecer contacto con
todos los aspectos que interactúan en él y proyectar una imagen de liderazgo
hacia los demás y empezar a estructurar la empresa desde abajo. Todo esto para
llegar al enfoque de la mecánica cuántica, donde, como ya se mencionó, el
ingeniero puede llegar a ser capaz de construir su propia realidad. La
hermenéutica permite que el ingeniero pueda interpretar y transmitir todos los
conocimientos que ha adquirido hasta entonces, teniendo en cuenta que esos
conocimientos están en un lenguaje que no todos van a comprender por lo que
deberá aprender a ser capaz de expresarlos de una manera concreta, simple y
directa, sin tener la necesidad de parecer más que los demás. La cibernauta plasma
al ingeniero como un navegante que debe aplicar sus conocimientos al contexto
en el que se encuentre para ganar confianza y ser capaz de establecer una ruta
de viaje que con el paso del tiempo debe optimizarse para llegar a la meta
planteada. Por último está el pensamiento complejo que puede entenderse como la
agrupación de todos los pilares y que lleva al ingeniero a cambiar el
pensamiento lineal por uno horizontal/vertical saliéndose de las fronteras que
dibuja la empresa y llegando a identificar cada una de las relaciones que
existen en la planta para formarse una interpretación compleja de la misma.